El Cyberlawyer: los umbrales de un nuevo perfil profesional

Por, Santiago Arellano, Director Comercial en Abanlex y DPO acreditado por ICAM-AENOR

El término cyborg hace referencia a una criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos generalmente con la intención de mejorar las capacidades de la parte orgánica mediante el uso de tecnología.

La tecnología ha tenido y tiene un tremendo impacto que ha afectado de manera positiva pero también de forma negativa a nuestra sociedad, pero que ya es algo imprescindible para todos. Las invenciones tecnológicas, motor fundamental del progreso, mejoran nuestra calidad de vida, pero también menoscaban nuestra privacidad.

En esta nueva realidad, virtual o no, no queremos atesorar ideas y conocimientos; queremos compartirlos y ponerlos en común. El empleo y manipulación que realicemos de la información es un reto para la sociedad y se hace necesaria una participación más activa y comprometida con su desarrollo e impacto generalizado.

El marco legal establece los límites y controla su cumplimiento para que las personas decidamos lo que queremos hacer con nuestros datos. Por otra parte, las soluciones de ciberseguridad garantizan un entorno seguro y un nivel adecuado para las organizaciones que usan y aprovechan la información.

Santiago Arellano, Director Comercial en Abanlex y DPO acreditado por ICAM-AENOR

 

El cyberlawyer: un experto en derecho especializado en protección de datos

Definiendo a la criatura “cyberlawyer”, podemos coincidir en referirnos a un ser humano mejorado que podría sobrevivir y ayudar a otros en el entorno tecnológico actual y futuro. Un cyberlawyer sería un experto en derecho, especializado en protección de datos, al que se le haya implantado un conocimiento tecnológico importante. Dicho de otra manera, se trataría de un especialista en tecnología con aptitudes de ciberseguridad, que mediante una serie de prótesis legales, le permita acceso al difícil mundo interpretativo de las normas.

No estoy diciendo que debamos instalarnos un dispositivo en la cabeza para poder escuchar normas y soluciones de seguridad y conseguir que finalmente las autoridades lo acepten, como ocurrió en 2004 con el artista británico que se implantó un ojo electrónico para escuchar los colores que le rodean. Lo que mantengo, es que es hora de que ambas figuras se fusionen y den lo mejor de sí mismas.

Soy asesor  jurídico, pero no abogado; y soy especialista en informática, pero no informático. Con razón cabe preguntarse qué hago opinando entonces y esa, precisamente, es la razón: no pertenezco a ninguno de estos dos mundos y estoy vinculado a ambos. Esta situación privilegiada es la que me habilita para expresar de manera contundente que los dos campos deben unirse o, al menos, interrelacionarse para cumplir con los mejores estándares de la privacidad y la seguridad. Ambos necesitan desarrollar nuevas capacidades que les permitan una visión más integral de la problemática que gira en torno a los datos.

 

El cyberlawyer en el entorno empresarial

El marco legislativo y la adopción de medidas de ciberseguridad colocarán en una situación inmejorable a las empresas que coordinen ambas especialidades. Además, la protección con garantías de los derechos y libertades de las personas será un acicate para el desarrollo tecnológico que se verá libre de sospechas al incrementarse la confianza de los interesados dentro de un marco de cumplimiento legal de las organizaciones.

No lo digo yo, sino la AEPD en su guía para la gestión y notificación de brechas de seguridad, donde se afirma que “la gestión de la privacidad y de la seguridad son entidades distintas con objetivos comunes: salvaguardar los derechos y libertades de las personas y garantizar la seguridad de la información. Responsables de seguridad y delegados de protección de datos están obligados a trabajar juntos estableciendo vínculos colaborativos y ambos son clave cuando se trata de salvaguardar la seguridad de los tratamientos”.

Y para finalizar este capítulo, algo importante: ¿cómo detectar a un cyberlawyer? Es complicado, teniendo en cuenta que no solo parece humano, suda, huele, sangra y puede imitar voces humanas. Tal y como ocurre en Terminator, nos dejaremos ayudar por los perros, capaces de advertir la presencia de la máquina.

 

Santiago Arellano, DPO acreditado por ICAM-AENOR y Director Comercial en Abanlex

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